Es irreal…

A estas alturas, pensar que podemos evolucionar con la individualidad característica del ser humano, ya no es ser realista. El vertiginoso progreso científico y tecnológico ha llevado a la especialización de los profesionales en ramas del saber porque ya no nos alcanza la vida para estudiar y aprender todo lo que se sabe hoy en día. Ni es práctico que alguien se pase la vida estudiando – aunque en cierta forma, todos lo hacemos para no quedarnos atrás.

En cambio, desarrollar prácticas aplicables y válidas a largo plazo, que hagan progresar a la sociedad en su conjunto, al individuo mismo y lleven, por lo tanto, al desarrollo – teniendo en cuenta que el entorno en su totalidad se beneficiará de los resultados – obteniendo un cambio global, sí una visión es razonable. Y lo que es más importante, es fácilmente alcanzable si se cumplen ciertas condiciones.

Hablamos de una transformación a distintas escalas, desde el individuo hasta la sociedad y el medio ambiente, como resultado. Pero empezando por el propio individuo. Y el camino es la acción y la apuesta por las ciencias, por la complejidad, por la incertidumbre ante las nuevas situaciones, por la fusión y el descubrimiento. Vivimos en un mundo muy complejo que no se puede simplificar, salvo por motivos académicos dentro de las aulas, y éste exige soluciones y respuestas con la misma – o mayor – complejidad.

La descripción colaborativa y cooperativa puede llevar a una acción colectiva que englobe a muchos individuos, a la Humanidad en su conjunto, en última instancia. Los problemas que preocupan a unos también importan a otros, y una solución eficaz puede ayudar a toda nuestra especie en su totalidad. Este debería ser el objetivo de cada individuo en el planeta, el bien común.

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El hombre siempre ha ansiado nuevas respuestas y su búsqueda nos ha llevado a sitios muy lejanos, anteriormente inalcanzables, como la Luna, el fondo del mar o nuestro vecino Marte por medio de sondas. Pero no debemos ir muy lejos para aprovechar la incorporación de dichas respuestas a nuestro entorno. Si establecemos este proceso como una práctica habitual, entonces las experiencias derivadas permitirán la enseñanza de aquellos aspectos y vías transcendentales.

Esto repercutirá en una evolución a nivel personal, profesional, individual y grupal. Una vez más, lo que afecta al individuo, termina afectando al colectivo. Y esto despertará la capacidad de seguir creando, investigando, aprendiendo, seguir co-evolucionando hacia donde nosotros mismos nos llevemos.

No es posible conocer los resultados del progreso. Cuando se empieza una investigación, el conocimiento resultante no es siempre extrapolable ni estimable, en muchas ocasiones. Sin embargo, es posible estimar cuáles serán los avances más cercanos. En cualquier caso, no hace falta saber todos los detalles, pues solo los inseguros ansían la seguridad.

Y en la vida, la completa seguridad o certeza no es la norma, aunque tampoco debería ser la excepción. Saliendo del círculo de confort es cuando podemos conocernos – y sorprendernos – a nosotros mismos. La complejidad natural puede resultar sencilla y para nada presuntuosa, pero siempre espectacular. El conocimiento debe ser abierto para todos, debe involucrar a cada una de las partes implicadas y debe posibilitar la experiencia de aprender y hacer aprender.

La complejidad sistemática, la fusión, la imaginación, la creatividad, la genialidad, están en ti…

cerebro engranajes

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